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Tras varias décadas de estancamiento económico y productivo, no solo fueron las industrias las que tuvieron que afrontar la tarea de reconstruir patrimonios, mercados y cadenas de producción. Sus entidades representativas tuvieron que dotarse de nuevos sentidos y hacer frente a nuevos desafíos.
Relegadas como actor social, y ante la desaparición de muchas de las ramas de la actividad a la que representaban, cedieron protagonismo en un panorama en el que sobrevivir era el objetivo.
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