Primero, la lámpara en el laboratorio, luego cuando ésta llegó a los hogares, parecía el final de las cosas, ¿qué más se podía pedir?. Gracias a la energía eléctrica, se terminaba la odiosa oscuridad en los largos inviernos. ¿Estaba todo dicho? no: tal como lo hemos estado viendo, una nueva tecnología se estaba gestando.
Un solo tipo de corriente no bastaba
Las plantas generadoras de las que disponía T. A. Edison producían corriente continua, y al ser distribuidas por la red, se producían grandes caídas de la tensión, lo cual hacía que hubiese que tener más generadores. La tensión continua no se podía elevar, había que producirla en el mismo rango en que se la utilizaba.