Nota técnica | El tejido interactúa en ambientes: luz y colores (Parte II)

Por Gabriela Oberlander, diseñadora textil*


Dada la extensión del artículo, se publicó en dos partes.
Ver Primera Parte


Imagen 1. Tejido plano de lana. Ligamentos y colores por trama visible

Las radiaciones de color-luz perceptibles en una superficie son producto del juego del reflejo. Las composiciones de los materiales influyen en la selección de las frecuencias, y la cara de la superficie condiciona las características del reflejo y su forma de difundir la luz.

De la misma manera que cada sonido varía su identidad, según el timbre o las voces del instrumento acústico que lo emite, la apariencia de una luz-color, emitida directamente de una fuente o reflejada sobre un cuerpo, depende de la constitución de los materiales que la producen o la reflejan. Una idea análoga, proveniente de Nikolai Tarabukin, se encuentra citada en el libro de John Gage Color y Cultura (pág. 225), comparando el medio pictórico con el timbre de un instrumento musical “cuyo sonido está determinado por el material que lo compone”.
La materia textil tiene cierto volumen y densidad que le otorga al material una textura física particular. Las cualidades compositivas determinan el aspecto de su color, generando una determinada textura visual (y táctil) de la radiación. En la materia textil intervienen, como partes mínimas, las fibras, los colorantes y cualquier aplicación o terminación superficial.
Las superficies irregulares tienen la particularidad de reflejar la luz en todas las direcciones, rebotando dentro de la misma superficie antes de ser reflejada, lo cual genera un aspecto de superficies mate. Estas características se observan en fibras cortas de procedencia natural, como la lana y el algodón, que al tener superficies rugosas, hacen que el reflejo de la luz sea indirecto.


Imagen 2. Tejido plano, poliéster, poliamida y fibras recubieras con hilos metálicos

En cambio, en una superficie plana que tiende a reflejar la luz que le incide de manera directa, se genera un esplendor, asimilado como brillo. Esta característica se aprecia en las fibras de varios filamentos continuos fabricados sintéticamente, donde la luz se refleja de manera homogénea, generando una percepción de mayor brillantez.

La posibilidad que tienen las fibras manufacturadas de poseer distintas apariencias se verifica en el caso de los acrílicos, ya que existen dos tipos de estas fibras que se diferencian por la longitud y el aspecto que presentan. Por un lado están las regulares, que tienen un aspecto similar al algodón, y por el otro está el acrílico hight bulk, semejante al corte lanero.
Las formas de hilar las fibras, las densidades y los tipos distintos de construir los tejidos, al igual que las terminaciones superficiales proponen la apariencia del textil.
Los hilados aparentan diferencias, por ejemplo, si son fabricados como filamentos continuos y presentan texturas planas provocando superficies brillantes; o considerando el aspecto de una mecha de fibras naturales, que al presentar distintas dimensiones y ciertas ondulaciones producen varios reflejos indirectos dentro de los hilados y suelen aparentar opacidad mate y rusticidad.
El hilado puede estar constituido por una mezcla íntima (más de una fibra), condicionando el reflejo por dicha unión física, y evidenciando dicha heterogeneidad en mayor o menor medida según las dimensiones de las fibras.
Los hilos retorcidos, dependiendo de la torsión, reflejarán más o menos luz; a mayor torsión, mayor absorción de luz. Tal motivo puede trabajarse de manera alternativa “tangleando” los hilos de fibras manufacturadas: uniendo varios filamentos por golpes de calor y evitando la torsión y la consecuente pérdida de brillo.
Un tejido compuesto por hilados de alta torsión genera un aspecto mate y arrugado en la superficie, ya que los hilados se tejen bajo tensión habitual, y al salir del telar dejan de estar estirados y se aflojan, tal es el caso de los crepes.


Imagen 3. Tejido plano, urdimbre de algodón y distintas tramas de poliéster. Chenille, boucle, mecha. El color se genera por las texturas

Las luces y las sombras de los tejidos

Mucha densidad de hilado genera una superficie cubierta, sin embargo, el reflejo producido depende de las fibras que se utilicen.
Poca densidad de hilado predispone un aspecto de transparencia y liviandad, la ausencia de hilado deja al aire interferir en la superficie.
Un tejido con bastas, hilos expuestos que pasan sin ligarse, constituye segmentos sin interrupciones que provoca superficies de relieves, genera sectores de luces y sombras, reforzando la sensación volumétrica del tejido.
Los tejidos con pelo en sentido vertical, por ejemplo, un terciopelo de un tejido plano o un plush de un tejido de punto, refuerzan el aspecto de la profundidad; la luz que ingresa verticalmente entre los pelos no se refleja y, en cambio, es absorbida.
La combinación de los ligamentos, entrecruzamientos, entrelazados, puntos y nudos de los tejidos se desenvuelven en el espacio, ocupan volumen y direccionan la energía (luz) reemitiendo color; cabe aclarar que la sensación del color es nuestra percepción de dicha energía reflejada.
Los colorantes y las sustancias que se aplican sobre los tejidos también son responsables del reflejo propuesto. El caso de las bases de los colorantes mates provoca que el reflejo de la luz incidente actúe sobre la superficie sobre todas las direcciones, como ocurre con la arena seca; mientras que las bases brillantes producen que toda la luz que les llega se refleje hacia el observador. Cuanto más pulida sea la superficie, más brillante será el reflejo. El máximo pulido en un metal genera un espejo, por lo cual, los efectos metálicos que suelen aplicarse en los textiles generan brillos. Suele emplearse el aluminio tanto para los pigmentos como para los hilados de lurex.

Imagen 4. Tejido de punto con pelo de poliamida; estampado y transferido

Las tintas reflectivas permiten visualizarse cuando hay poca iluminación, ya que reflejan un alto porcentaje de la luz que le incide. La retrorreflexión es la característica de ciertas superficies para poder reflejar la luz desde cualquier ángulo de incidencia. Los nacarados o perlados presentan un efecto tornasol generado por un alto índice de refracción interior. El efecto de iridiscencia (interferencia) se caracteriza por la propiedad que tienen ciertas superficies de modular las longitudes de onda incidentes y reflejar los haces y las tonalidades cambiantes. La fluorescencia se origina por la capacidad que poseen ciertas sustancias de emitir radiación visible al exponerse a radiaciones del tipo ultravioleta, rayos catódicos o rayos X; estas radiaciones de alta energía e invisibles al ojo humano son absorbidas, transformadas y reemitidas con una longitud de onda mayor a la incidente, de menor energía y visible. La fosforescencia tiene el mismo mecanismo físico, sin embargo, hay un retraso temporal entre la absorción y la reemisión de la energía que la diferencia. Mientras que el fenómeno de la fluorescencia se genera de manera simultánea, las sustancias fosforescentes emiten la luminosidad una vez finalizado el estímulo. La materia fosforescente se carga de la energía que recibe de una fuente luminosa y, cuando finaliza el estímulo, comienza a emitir disminuyendo su intensidad a medida que pasa el tiempo.
Por lo tanto, en la apariencia perceptible del tejido son determinantes la luz incidente, las densidades de los medios atravesados (gaseosos, sólidos o líquidos) y las características de los materiales (su transparencia o apariencia).
Los colores-luz podrán ser transmitidos, refractados, reflejados, difractados, absorbidos, convertidos en calor, anulados, reforzados, interferidos, etc. La difusión de su luz y la transformación dependerá de la composición estructural de los cuerpos y, fundamentalmente, de la percepción del observador en continuo movimiento.

Agradecimientos

La autora agradece los aportes de DI., Profesor Titular Regular de la UBA, Ricardo Denegri; lecturas y correcciones de José Luis Caivano.

Bibliografía para ampliar acerca de colores y luz

Caivano, José Luis (1995) Sistemas de orden del color. Buenos Aires, Serie Difusión 12.
Chevreul M. E. (1906) The principles of harmony and contrast of Colours and their applications to the arts. Londres, George Bell and sons.
De Grandis, Luigina (1985) Teoría y uso del color. Italia, Ediciones Cátedra.
Delamare, Francois y Guineau Bernard (2000) Los Colores. Historia de los pigmentos y colorantes. Barcelona, Ediciones B, S.A.
Fraser, Tom y Banks, Adam (2005) Color: la guía más completa. China, Evergreen.
Gage, John (1993) Color y cultura. Madrid, Ediciones Siruela.
Gerritsen, Frans (1976) Color. Apariencia óptica, medio de expresión artística y fenómeno físico. Barcelona, Editorial Blume.
Hayten, Peter J. (1958) El color en la industria. Serie “El color en todo”. Barcelona, Ediciones Leda.
Newton, Isaac (1977) Óptica: o tratado de las reflexiones, refracciones, inflexiones y colores de la luz. Madrid, Alfaguara.
Onetto Arq. Cuadernos de la cátedra. (1961) Color. Facultad de Arquitectura y Urbanismo de Universidad de Buenos Aires.
Rat, Robert y Roger, P. (1954) Luz y colores. Óptica y química. Buenos Aires, Ed. Víctor Lerú.
Von Goethe, Johann (1945) Teoría de los colores. Buenos Aires, Editorial Poseidón.

 

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