Nota técnica | Alumbrado de emergencia | Industrias Wamco

Consideraciones sobre la solución a los distintos casos de riesgo

El ser humano es un ser óptico-auditivo y esto significa que toda la decodificación de su universo depende esencialmente de estos dos sentidos: visión y audición.
Para percibir debidamente el ambiente y adaptar así su comportamiento, el 90 por ciento de los datos que requiere el ser humano depende de la visión.
El alumbrado natural o el alumbrado artificial son componentes esenciales de la visión y resultan determinantes para la seguridad tanto del individuo como de la comunidad.
El alumbrado artificial, obtenido mediante la transformación de la energía eléctrica en energía radiante visible al ojo humano, es la base de nuestro estilo de vida y confort. Sin embargo, el mismo está sujeto a una variedad de perturbaciones.
En particular un corte de energía eléctrica, en horarios nocturnos o en lugares donde no hay suficiente ingreso de luz diurna, implica una situación de riesgo que debemos evitar. Sabemos que la oscuridad es causa de incremento del pánico y que si a la falta de luz se le agregan otros factores como humo, explosiones o fuego incipiente, el aumento de pánico culminará en una tragedia.
El alumbrado de emergencia ha sido planteado como un sistema de seguridad en los interiores de los establecimientos para atender la situación de riesgo especial definida por la ausencia del alumbrado artificial debido a un corte imprevisto en la provisión de la energía, por siniestro o por la combinación de ambas causas.

Hipótesis de riesgo

Funciones del alumbrado de emergencia
Imaginemos que nos hallamos en el noveno piso de un edificio de oficinas, o realizando compras en una tienda, supermercado o, tal vez, disfrutando de una película u obra de teatro.
Si de pronto ocurre una falla en el alumbrado artificial, y ésta está asociada a un siniestro, trataremos de orientarnos hacia algún lugar donde haya un poco de claridad y evacuar rápidamente el lugar.
En la oscuridad total, no podremos pensar con la misma frialdad y claridad con que lo haríamos en la misma situación pero con un alumbrado mínimo que nos permita trasladarnos al exterior.
Si para lograr este objetivo, debemos atravesar una o más puertas o caminar velozmente por pasillos o escaleras, debemos agregar la necesidad de reconocer en forma rápida cuál es el camino que realmente nos ha de llevar hacia el exterior.

Alumbrado de escape
Para atender a esta crucial necesidad es indispensable, además de un alumbrado mínimo, disponer de una clara señalización de puertas y circulaciones. Estas señales deben ser inteligibles y visibles desde la mayor distancia a la cual nos podemos hallar de la o las salidas del edificio.

El alumbrado y señalización a que nos referimos constituye un tipo especial de alumbrado de emergencia. Se lo ha definido como alumbrado de escape. Este alumbrado debe garantizar una evacuación rápida y segura de las personas a través de los medios de escape, facilitando además las maniobras de seguridad e intervenciones de auxilio. Su aplicación está estrechamente relacionada con los objetivos de la protección contra incendios. La autonomía mínima requerida es de 1,5 horas (90 minutos).

Alumbrado de seguridad
Imaginemos que nos hallamos en una fábrica trabajando en horario nocturno o en una zona donde no hay suficiente ingreso de luz diurna. Supongamos que nuestra tarea consiste en manipular ácido, usar una sierra circular, conducir un autoelevador por pasillos de circulación o reparar un tablero de alta tensión.
En este caso, si se produce una falla de alumbrado normal, nos hallaremos frente a un peligro que puede ocasionar daños, lesiones o atentar contra nuestra propia vida.
Nos podemos hallar en una situación similar si nuestra tarea consiste en operar una sala de control de vuelos o realizar una cirugía en un quirófano. En este caso, si por la falla del alumbrado normal no podemos continuar la tarea, pondremos en peligro a terceras personas que dependen de nuestra actividad.
Aquí no se trata de evacuar el edificio, sino de permitir la detención o continuidad de la tarea sin poner en riesgo a la persona que la ejecuta o a las personas que dependen de ella.
Necesitamos un alumbrado que nos permita lograr estos objetivos. Se lo ha definido como alumbrado de seguridad.

Alumbrado de reserva
Supongamos, por último, que la tarea que estamos realizando no involucra un riego potencial directo ni indirecto, pero deseamos, por razones de producción, continuar con las tareas del establecimiento. Para estas circunstancias es usual disponer de un grupo electrógeno. Parte de esa energía será destinada al alumbrado de los puestos de trabajo. Este alumbrado de emergencia se lo ha definido como alumbrado de reserva.

Normativa
Sin embargo, el hecho de disponer de un alumbrado de reserva no elimina el uso obligatorio de los otros tipos. Si fallara el alumbrado de reserva, se deberá poner inmediatamente en funcionamiento el alumbrado de escape y el de seguridad.
Cada uno de estos alumbrados ha sido tratado en forma detallada por la AADL, Asociación Argentina de Luminotecnia, en su documento “Recomendaciones sobre el alumbrado de emergencia en interiores de establecimientos”, de 1983.
Este documento ha sido utilizado como antecedente de la Norma IRAM AADL J 2027 “Alumbrado de emergencia en interiores de establecimientos”, de 1986; Esquema de Norma IRAM J 2028 - Parte XV, “Luminarias para alumbrado de emergencia”-1986 y para la Norma IRAM 10005 parte II “Colores y señales de seguridad”, de 1984, donde se establecen las condiciones de las señales de los medios de escape.

La función del alumbrado de emergencia es la de proveer iluminación cuando falla el alumbrado normal. Pero como hemos visto, se pueden presentar tres tipos, de los cuales dos son obligatorios en todo establecimiento donde se desarrolla una actividad comercial, industrial o de esparcimiento donde se reciba o atienda público en general:

  • Alumbrado de escape con su correspondiente señalización
  • Alumbrado de seguridad

La fuente de energía en el alumbrado de emergencia
La adecuada selección de la fuente de energía en el alumbrado de emergencia constituye seguramente el principal eslabón de seguridad. Partimos de la falla de una fuente de energía para reemplazarla inmediatamente por otra y ésta no debe fallar si pretendemos evitar que el mencionado incremento de pánico se transforme en tragedia.
El acumulador eléctrico (batería) constituye en casi todos los casos dicha fuente de energía de emergencia. También es esencial para el arranque de los grupos electrógenos.
El acumulador eléctrico debe ser cuidadosamente seleccionado, dimensionado y mantenido para que esté disponible cuando lo necesitemos.
La condición de funcionamiento del acumulador de plomo-ácido en un equipo de alumbrado de emergencia es a tensión de flote (también denominado uso stand-by) conservando su capacidad (Ah) para entregar la energía en el momento en que le es requerida ante una falla de la red normal eléctrica.
Esto significa que la descarga y carga del acumulador no es cíclica y permanente, como puede ocurrir en un automotor. De allí que los denominados acumuladores de plomo-ácido para arranque quedan excluidos para esta aplicación y se prohíben expresamente en el alumbrado de emergencia.
Si conectamos un acumulador de tipo automotor a tensión de flote, su duración (vida útil) expresada como la cantidad de ciclos normalizados de carga y descarga que puede soportar hasta que su capacidad disminuya a un valor determinado, se reduce drásticamente alcanzando un rápido deterioro en un plazo no mayor de 60 a 90 días.
Por lo tanto el acumulador a usar en los equipos de alumbrado de emergencia debe ser del tipo estacionario.

Para esta aplicación existen básicamente dos tipos: los de plomo-ácido y los de níquel-cadmio.
a) Los de plomo-ácido, que funcionan bajo el principio de recombinación de gases, no necesitan ningún tipo de mantenimiento, son herméticos y las emanaciones de gases corrosivos no existen. Pueden ser de plomo-gel o de electrolito absorbido, estas últimas, de mayor fiabilidad y vida útil.
b) Los de níquel-cadmio, que también son herméticos y no requieren mantenimiento, tienen como ventaja respecto de los de plomo-ácido que se pueden descargar a cero y almacenar en esas condiciones sin que se deteriore su vida útil. Esta característica los hace especialmente indicados en las obras donde la línea no interrumpible se pone en operación varios meses después de instalado el equipo. En estas condiciones anormales, el acumulador de plomo-ácido se autodescarga y se deteriora, en cambio, el de níquel-cadmio permanece estable.

Conclusiones

Los parámetros de diseño recomendados por la AADL satisfacen ampliamente el proyecto luminotécnico. En cuanto a los sistemas y equipos, es necesario insistir en clarificar al usuario el tema del acumulador eléctrico y su correspondiente cargador. Es obligación del proyectista, instalador y proveedor de la unidad aclarar el tipo de batería ofrecido, su expectativa de vida útil y bajo qué condiciones se logra ese período.
Se debe indicar, además, el período de reposición de dicho elemento de forma tal de asegurarse que el equipo habrá de funcionar correctamente ante una falla del alumbrado normal.
Según la norma IEC 60598-2-22 la expectativa de vida útil no debe ser menor a cuatro años.
La adecuada información técnica de las luminarias, cargadores, onduladores y fuentes de energía permitirá lograr el objetivo de seguridad planeado con el uso obligatorio del alumbrado de emergencia.

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