Noticia | Las frustradas negociaciones entre Argentina y Brasil por las diferencias comerciales | Center Group
Era esperado y lógico que los resultados de la última reunión entre los ministros de Argentina y Brasil no diera resultados.
La ansiada reunión para “negociar” una alternativa, no arrojó ningún acuerdo concreto y, como siempre, se resolvió que se formarían comisiones técnicas para analizar el flujo comercial”.
Desde el concepto académico, negociar es, “el proceso por el cual las partes se mueven de sus posiciones iniciales divergentes hasta un punto en el cual el acuerdo puede ser obtenido” (Steele et ali, 1989).
Pero para que esto sea aplicable en la práctica las partes deben estar negociando sobre el mismo tema, y esto fue lo que no se consiguió unificar en la mencionada reunión.
Mientras la posición argentina se mostró preocupada por el elevado déficit comercial con Brasil, la posición brasileña, se mostró molesta por las barreras para arancelarias que Argentina imponía a productos brasileños, precisamente cuando había reclamado tanto en oportunidad del intento proteccionista brasileño de implementar las licencias no automáticas de importación.
Análisis de la situación de cada parte: si cada lector fuera llamado para arbitrar una salida al tema negociado, sería imperioso contar con informaciones objetivas de cada reivindicación:
Postura de Brasil:
- No acepta las medidas de protección creadas por Argentina, donde algunos productos con origen Brasil, deben contar con licencias no automáticas de importación (textiles, electrónicos, línea blanca, etc.).
- Manifiesta que la medida conspira contra las normas del Mercosur, por ser apenas restrictiva a productos brasileños (no se opondría si la restricción fuera para productos de todos los orígenes).
- Coloca como histórico que siempre que Argentina necesitó apoyo con cuestiones de defensa de la industria nacional, Brasil se mantuvo fiel al Mercosur, aún cuando la medida contrariaba la postura de la industria nacional brasileña (como ejemplo, a fines de 2008, el gobierno brasileño ratificó la medida solicitada por Argentina, donde ésta, podría importar bienes de capital de extra-zona, sin tener que pagar la Tarifa Externa Común. Esto perjudica directamente la industria de bienes de capital de Brasil, que podría exportar para Argentina, con mejoras de competitividad merced al no pago del impuesto de importación.).
- Pide que no haya proteccionismo a productos brasileños en función del saldo de la balanza comercial, por considerar que ésta se rige por operaciones comerciales privadas (los gobiernos no intervienen en la compra ni en la venta de productos entre Argentina y Brasil) y en función de políticas de largo plazo para el incentivo a las exportaciones y al agregado de valor, y que, si Argentina no hizo los deberes en los últimos años, esto no es culpa de Brasil.
- Acepta, como lo hizo en el pasado, restricciones comerciales en el flujo exportable hacia Argentina, siempre que esto sea para un programa de sustitución de importaciones y no para producir “desvío de comercio” , donde el empresario argentino deja de importar de Brasil para equilibrar la balanza comercial pero, en vez de comprar producto nacional, importa de otro país.
- Recrimina a Argentina que parte del déficit comercial está dado en los conflictos mantenidos por el gobierno con el campo, y por las restricciones de exportación específicamente de trigo (que obligó a Brasil a liberar la importación del producto desde USA y Canadá sin el pago de impuesto de importación en 2008).
Postura de Argentina:
Absolutamente preocupada con el permanente déficit de la balanza comercial (U$S 4.368 millones en 2008) de los últimos 70 meses, busca acciones que permitan equilibrar el flujo comercial.
El fin justifica los medios y, si para este objetivo debe apelar a medidas proteccionistas, lo hará (como lo está haciendo) aunque las mismas vayan en contra de las normas del Mercosur y hieran el principio del comercio internacional de nación favorecida (en este caso de Nación desfavorecida por ser una restricción apenas para un único país).
Por motivos diversos, no fue posible inyectar recursos para la modernización del parque industrial del país en los últimos años y, por los mismos motivos diversos, no hay líneas de créditos para que las empresas puedan invertir para ser más competitivas (en Brasil, el BNDES, dispone de más recursos que pedidos de liberación de créditos tiene).
Se interesa por el número absoluto de la balanza comercial, sin analizar la composición del valor agregado en la pauta exportadora. (Brasil exporta a Argentina productos con muchísimo más valor agregado que los productos que Argentina exporta a Brasil).
Considera que, por el tamaño de la economía brasileña en relación a la Argentina, la postura de Brasil debería ser más condescendiente que la actual.
Análisis objetivo de la situación:
Es absolutamente natural que en la última reunión no se llegara a ningún acuerdo en función de las claras diferencias de posturas. No había prioridades equitativas entre las partes.
Los temas defendidos por cada una no tenían relación directa: La agenda de negociación no permitía iniciar las conversaciones alrededor de un tema en común.
La información que permitiría justificar cada postura era totalmente desfavorable a Argentina: manifestaba la molestia por el saldo de la balanza comercial solicitando una reducción de las exportaciones, pero no podía justificar que esta reducción de la oferta de Brasil sería cubierta por productos argentinos (sin esto, no tendría sentido restringir la oferta, en consideración de que Argentina seguiría importando, sólo que en vez de ser desde Brasil, sería de otro origen, lo que no permitiría justificar la defensa del tema).
Desde el reclamo de Argentina por la exportación de productos de la línea blanca desde Brasil, donde se implementaron las licencias de importación no automáticas como forma de controlar el flujo comercial, Argentina no invirtió en modernizar la industria del sector, por lo que Brasil aduce estar “pagando por una carencia de responsabilidad únicamente Argentina”.
Brasil defiende la postura de que, si nos encontramos en un mundo de la libre competencia, los gobiernos no deben interferir en la estructura de costos de sus importadores: parte de la base de que si existen importadores argentinos que compran productos brasileños, es señal de que la ecuación costo-beneficio es mayor que para el caso de comprar los mismos productos desde otro país, y que restringir este flujo comercial, podría generar mayores costos para la sociedad argentina, la cual imposibilitada de comprar el mismo producto de la industria local, lo importaría más caro desde otro origen (desfavoreciendo a Brasil, que es el mercado proveedor en este momento).
Brasil defiende su postura indicando que, para bajar costos, los sindicatos locales, aceptaron reducir la jornada de trabajo y consecuentemente los valores pagos por las industrias en concepto de sueldos.
En la misma línea, los sindicatos de Argentina se esfuerzan en imponer un aumento del 20% con amenazas de paros, en caso de que los industriales argentinos no acepten estos ajustes (en oportunidad que el mundo ve los puestos de trabajo desaparecer, los sindicatos argentinos – aún los vinculados al gobierno – imponen aumento de costos para las empresas locales).
Por último, Brasil defiende que si el déficit de la balanza comercial argentina se retrotrae a los últimos 70 meses, el país hubiera tomado alguna medida de mejora competitiva 69 meses atrás, hoy la discusión sería otra.
¿Cómo encontrar una solución?
Es difícil ponerse de acuerdo o negociar una postura intermedia cuando las partes se encuentran con focos diferentes de defensa en sus posturas.
Siendo absolutamente objetivos, la postura de Brasil, mal que nos pese, tiene más argumentos que la postura Argentina (y es importante evitar el falso nacionalismo en estos casos).
Aún en el caso que Argentina no retire las restricciones a los productos brasileños, la economía de Brasil continuará intacta y siempre existirá la posibilidad – merced de la fuerte presión de los industriales paulistas al gobierno de Lula – de medidas de revancha, “en Brasil se las denomina medidas de retaliação”.
Argentina podrá ampliar las restricciones como forma de reducir el déficit de la balanza comercial; pero, de hacerlo, el flujo comercial en general sería reducido, disminuyendo las exportaciones argentinas a Brasil, y manteniendo inalterado el valor absoluto del déficit.
Si no se modifica la pauta exportadora Argentina, Brasil continuará teniendo superávit comercial por exportar productos con mayor valor agregado (sólo de teléfonos celulares, exporta por valor superior a los U$S 1.000 millones anuales, sin ningún producto de reciprocidad que Argentina exporte a Brasil).
Conclusiones
Administrar una casa, una empresa o un país, con dinero, es la cosa más fácil que existe.
Administrar con un mercado que se achica cada día y con falta absoluta de recursos obliga, muchas veces, a tomar medidas impopulares o restrictivas al comercio, priorizando como corresponde la industria nacional (lo cual Argentina no consiguió probar en este caso).
Brasil está instrumentando en los próximos días, como forma de demostrar interés para ayudar a nuestro país, una línea de crédito para empresas argentinas que exportan a Brasil, mismo que no sean de capital brasileño.
Días atrás, tuvimos oportunidad de hablar con el Ministro de Asuntos Estratégicos de Brasil, Dr. Mangabeira Unger y fue categórico al afirmar que para Brasil, Argentina es un socio prioritario y que el Mercosur es imperioso para el desarrollo comercial e industrial de la región.
En nuestra opinión, Argentina intensificará el proteccionismo como forma de cubrir carencias de malas políticas industriales de los últimos años y para direccionar el abastecimiento a la industria nacional. Esto puede conspirar contra el Mercosur.
Los dos países se necesitan pero cada día se distancian más en sus políticas de largo plazo y sobre todo en sus modelos económicos e industriales.
Ciertamente los dos tienen razón en sus defensas, pero no menos cierto es que los errores de lo público siempre son pagados por los privados.
Como decía Albert Einstein, “Si hacemos las cosas como las hicimos, no esperemos resultados diferentes de los que obtuvimos”.
En Argentina necesitamos urgentemente una política seria de largo plazo, la que nunca tuvimos, en los últimos 70 meses que dura el déficit comercial con Brasil.
La única manera para que dentro de 70 meses no estemos hablando de lo mismo es tomar cartas en el asunto, asumir errores y comenzar a pensar en el futuro►
